La piel que habito

DAVID LÓPEZ

No soy la persona idónea para hablar del cine de Almodóvar, ya que sólo he visto dos trabajos de toda su filmografía y por primera vez —cosa que no creía que haría jamás—, he gastado mi dinero en su cine. Y otra cosa muy diferente, es hablaros de lo que si que he visto y me ha parecido esta La piel que habito. Sinceramente, me asusto muchísimo de todos esos críticos especializados que suben al cielo esta cinta y me da respeto, pero que no comparto, la critica no especializada de los que hablan de la última película de Almodóvar como una nueva obra maestra del director manchego. De verdad, me pasma pensar qué es lo que realmente han visto en esta nueva historia tan mal contada, con diálogos vergonzosos e irrisorios, personajes muy mal trabajados y algunos de ellos, que ni tenían que haber aparecido. Son dos horas de una copia brutal de muchas otras películas que a ¡Pedrooooo! le gustan y ha querido plasmar en su historia. Pero con la poca fortuna de quedarse en querer y no poder desde nada más comenzar. Clichés y más clichés es “La piel que habito”. Una historia sin pies, cabeza y por supuesto, sin piel.

Almodóvar cuenta como Robert Ledgard (Antonio Banderas) distinguido cirujano plástico dedica años de estudio y experimentación a la elaboración de una nueva piel con la que haber podido salvar a su mujer tras unas quemaduras sufridas después de un accidente de coche. Se trata de una piel sensible a las caricias, pero que funciona como una auténtica coraza contra toda clase de agresiones, tanto externas como internas. Para poner en práctica este hallazgo es preciso carecer de escrúpulos, y Ledgard no los tiene. Pero, además, necesita una cobaya humana y un cómplice. Marilia (Marisa Paredes), la mujer que lo cuidó desde niño, es su cómplice más fiel: nunca le fallará. El problema será encontrar la cobaya humana.

Y, contar, cuenta esto, pero su realización es totalmente errónea a la hora de querer mostrárnoslo en imágenes. Comenzando por un guión que debió escribirlo con dolor de muelas. Continuando con los diálogos de los personajes, que, aparte de vergonzosos, cosa que  lleva a hacerlos poco creíbles y descabelladamente, a pensar si de verdad esto es un guión serio de un Señor que anda sobre alfombra roja por donde va (por favor). Siguiendo con Banderas, nefasto. Marisa Paredes, ¿qué hace en esta película? Elena Anaya, gracias que está muy guapa, y un brasileiro, que creo, se tuvo que colar en el rodaje y a Almodóvar poco importar. Luego está Eduardo Fernández, gran actor, pero aquí de poco peso. O el desafortunado amigo/a Vicente/Vera Cruz —buen nombre, verdad?—. Almodóvar ha estado de peregrinaje por Caravaca, tierra santa y nadie se ha enterado.

El manchego de pelo casi a lo afro ha bebido, comido y fumado de grandes directores, pero la ha cagado convirtiendo una idea que podría haber sido buena, en dos horas de pura grima.

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