Murcia, secretos y leyendas, la recopilación de los artículos de Antonio Botías

El periodista Antonio Botías, con su último libro

JAIME PARRA

En la estantería de una librería murciana, el libro de Antonio Botías Murcia, secretos y leyendas. Me salta a la vista, en la fotografía de la portada, Clint Eastwood. Lo cojo entre las manos; no, no es el norteamericano en un western murciano. Quien si estuvo, entre otros muchos, fue Hemingway, cuando visitó la capital de Murcia tras los pasos del matador Antonio López. El autor de Fiesta «explicó [en 1959] que conocía la re gión y alabó “sus huertos y flores”. Incluso confesó que Murcia era más rica que California…]. Además del cariño de las gentes de Murcia se llevó consigo una anécdota que, como buen fabulador que fue el amante de Mata Hari, seguro que contaría, alterándola una y otra vez, a sus amigos. El periodista Antonio Botías no fabula, pero en muchos de estos artículos no se puede evitar arquear las cejas con incredulidad. Rigor histórico, habilidad para sorprender al lector y una escritura con pulso que invita a la lectura. Así explica el Director de La Verdad el éxito de la sección que, cada domingo, con el nombre de La Murcia que no vemos escribe Antonio Botías para su periódico. La historia de los grandes nombres que pasaron por la región pero también de la gente común, como hacía un Montanelli. «Esos hombres sin historia que son la Historia», como cantaba Silvio Rodríguez o, de nuevo en palabras del Director de La Verdad, la intrahistoria de la que hablaba Unamuno. Una Murcia que no ha cambiado tanto: tradicional, supersticiosa (las profecías de Francisca Guillén), moderna (el seguimiento a los hallazgos de Darwin), original (conseguir una cabra por suscribirse a un periódico lo firmaba cualquiera en estos tiempos de aparatitos tecnológicos y hasta pionera (pocas ciudades puede presumir de un avistamiento de ovnis… aunque habrá que esperar a la segunda parte para leerlo). Tras sus libros sobre cofradías de Semana Santa y otro sobre el nacimiento de la prensa periódico en el XVIII, el lector tiene la oportunidad de leer sus artículos de La Verdad, mientras lee nuevos capítulos cada domingo.

—Continúa publicando historias de Murcia para La Verdad, ¿para cuántos tomos de Murcia, secretos y leyenda tiene material?

(Risas) ¡Espero que no sea una enciclopedia! Lo cierto es que la ciudad, como el resto de municipios murcianos, atesora una historia tan extensa que se nos presenta cuajada de recovecos, de anécdotas, de curiosidades casi en cada esquina, en cada rincón de nuestra geografía.

—¿Cómo fue la idea de comenzar en La Verdad la sección Murcia que no vemos?

Surgió por casualidad. Me habían encargado una serie sobre las calles de Murcia y su historia. Después de documentarme descubrí que había material suficiente para ampliar las entregas. Y hasta aquí.

—En mi caso desconocía la mayoría de hechos históricos y anécdotas que aquí aparecen. Hasta de un Juan de la Cierva (del que escribe sobre su proyecto de un aeropuerto) en la escuela poco más decían que era el inventor del autogiro. ¿Hemos despreciado la historia de la Región de Murcia por otras historiografías?

Nuestra Historia es tan sabrosa que sería muy difícil despreciarla. Creo más bien que el murciano la lleva interiorizada, casi grabada en su adn. Forma parte de su idiosincrasia, de su propia alma. Cada uno de nosotros es, en sí, la amalgama de siglos de mestizaje. Y eso nos hace diferentes. Es muy probable que la globalización, por otro lado, esté produciendo el efecto contrario en los jóvenes, quienes tienen el mundo en sus manos a través de las nuevas tecnologías y, por ello, se detienen a saborear lo local, aquello que los rodea, con mayor interés y atención.

—Exceptuando algunas excursiones, como a Sierra Espuña o a Caravaca con el robo de la Cruz y la Ventana de la Aparición, la mayoría de las historias tratan sobre Murcia capital y sus alrededores, ¿en las próximas tiene la intención de ir tocando otros municipios de la región?

Me encantaría porque en todos ellos es posible encontrar historias que merecen la pena ser contadas.

—Precisamente en estas fechas, que celebramos Todos los Santos, usted le dedica un capítulo y muestra a las claras que no tiene simpatía por la invasión de modas foráneas como Halloween, ¿existe el riesgo de que se pierdan las tradiciones propias de Murcia?

Los festejos de Halloween, en mi humilde opinión, son para nosotros un segundo carnaval. Sin despreciar esta moda, con la que tanto disfrutan los más pequeños, considero más interesante nuestra tradición. Esa noche siempre fue una víspera de fiesta que reunía a las familias en torno a la preparación de las flores que al día siguiente adornaban las tumbas de sus seres queridos. Eran noches para contar historias de apariciones, sobre la vida de antepasados remotos que, a menudo, se acompañaban con palomitas de maíz.

—¿Cuál de las historias aquí recogidas es su favorita?

No podría decidirme por ninguna. Me llamó mucho la atención la historia del esqueleto risueño de la Catedral de Murcia. O la búsqueda de petróleo en la Región. También los robos de la Cruz de Caravaca y de las joyas de la Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia.

—Leyendo algunas de las historias que dedica a la prensa “¿Padece usía una ‘enfermedad secreta’?, “Por un lamentable error de imprenta…” o “Suscriptor, consiga esta cabra”, ¿ha cambiado tanto la prensa en más de un siglo?

Es muy probable que no haya cambiado casi nada. A veces, leyendo noticias de hace un siglo y medio descubrimos una actualidad que resulta inquietante. Por ejemplo, aquellas noticias que reclamaban en sus titulares “Agua para todos” a finales del siglo XIX. Y tampoco creo que haya cambiado la calidad de las crónicas ni de los espléndidos periodistas que ha dado Murcia, auténticos responsables de informar y formar a la población cada día con una puntualidad exquisita y un abanico de temas sorprendente. Es el caso del hundimiento del Titanic, que los murcianos conocieron al día siguiente a pesar de la rudimentaria tecnología de la época.

—El prólogo a su libro lo escribe Antonio Pérez Crespo, cronista oficial de la Región de Murcia, ¿le gustaría a usted ser cronista de Murcia capital?

(Risas) ¡Soy muy joven para eso! Realmente, esa es una de las mayores responsabilidades para un ciudadano. Porque no solo se valora tu trabajo en la actualidad. Lo seguirán escudriñando las generaciones futuras.

—Trabaja actualmente en algún otro libro.

Preparo una novela; pero es un trabajo tan arduo que consume, aparte de mi sueño, mi ánimo.

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