24 de Noviembre de 1475: Rendición de la fortaleza de Caravaca al Adelantado Mayor del Reino de Murcia

Isabel y Fernando, los Reyes Católicos

Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El 24 de noviembre de 1475 doña Aldonza de Mendoza, esposa del comendador de Caravaca Juan de Haro, rindió el castillo al Adelantado Mayor del Reino de Murcia tras varios días de asedio, episodio que se inscribe en la guerra civil que tuvo lugar en Castilla originada por los derechos sucesorios al trono y que enfrentó a los partidarios de Juana la Beltraneja con los de Isabel la Católica. Una época en la que Caravaca era «frontera de moros e parte termino con ellos y es fasta dozientos vezinos poco mas o menos, razonablemente çercada» y con «vna fortaleza la qual es bien grande y es menester arta gente para la guardar».

Enrique IV ordenó que a su fallecimiento le sucediera su hija, la princesa Juana de Trastámara, pero esta disposición causó gran malestar en amplios sectores de la población que dudaban de su paternidad, de hecho el sobrenombre despectivo con que se conocía a la princesa (la Beltraneja) se debía a la opinión generalizada de que su autentico padre era Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque. A la muerte del rey, su hermana, la princesa Isabel, reclamó el derecho a la sucesión, haciéndose proclamar reina en Segovia el 13 de diciembre de 1474, lo que provocó la formación de dos bandos y el irremediable enfrentamiento entre ambos.

A finales de abril de 1475 los nuevos reyes, Isabel y Fernando, promulgaron un decreto de perdón general para todos los delitos y excesos cometidos en el pasado con lo que consiguieron una gran aceptación popular, forzando a los partidarios de la princesa Juana a buscar apoyos en el extranjero, lo que hicieron atrayendo para su causa al monarca portugués Alfonso V a quien ofrecieron la mano de la joven princesa que contaba tan solo con 13 años y, consiguientemente, el derecho a la corona de Castilla. El matrimonio tuvo lugar el 12 de mayo de 1475 y los contrayentes fueron proclamados reyes de Castilla por sus partidarios con lo que el enfrentamiento armado entre ambas facciones resultó inevitable. Inicialmente la mayor parte de los territorios del Reino de Murcia se posicionaron en el bando partidario de la reina Isabel, pero en el caso de las encomiendas santiaguistas de Caravaca y Cehegín parece ser que no fue así, ya que ambas estaban bajo la administración del comendador Juan de Haro, que en 1471 había demostrado su extrema fidelidad a Enrique IV reprimiendo sangrientamente una sublevación para derrocar al rey y coronar a su hermana Isabel que se produjo en Alcaraz siendo él Justicia mayor del marquesado y corregidor de la referida villa, y que además era familiar del Marqués de Villena, a quien el rey había encargado personalmente la defensa de los derechos de su hija así como su seguridad.

A principios de julio de 1475 los pobladores de Cehegín se alzaron por los Reyes Católicos y cercaron el castillo con Juan de Haro en su interior, solicitando ayuda al Adelantado Mayor del Reino para tomarlo, pero no pudo socorrerlos hasta principios del otoño de 1475, tras haber conseguido tomar Hellín. Alcanzado ese objetivo ordenó el envió parte de sus tropas a Caravaca para cercar y tomar la villa. El asedio concluyó a fines de noviembre, concretamente el 24 de ese mes, fecha en que doña Aldonza de Mendoza, en ausencia de su marido el comendador, se vio obligada a rendirse y firmar una capitulación con el Adelantado Pedro Fajardo mediante la cual entregaba la fortaleza a cambio del respeto a su persona, la puesta en libertad de su esposo e hijo y el perdón a sus criados, servidores y a todos cuantos les habían prestado ayuda.

La entrega del castillo caravaqueño tuvo lugar el 7 de diciembre levantándose la correspondiente acta notarial mediante la cual el comendador Lope de Castañoso recibía de doña Aldonza las llaves de la fortaleza en representación de los reyes Isabel y Fernando. A continuación y tras jurar que la aceptaba «para facer della lo que fuere seruiçio de los dichos señores reyes” tomó posesión de la misma: “E luego, el dicho comendador en señal de apoderamiento de la dicha fortaleza lanzo fuera de la torre que dizen de las Toscas, que es en la dicha fortaleza, a todas las personas que ende estaban y el se quedo en la dicha torre y fortaleza apoderado enteramente». Ese mismo día Pedro Vélez de Guevara, comendador santiaguista de Ricote y primo del maestre Rodrigo Manrique, recibía del representante real Lope de Castañoso la fortaleza de la villa de Caravaca. Sin embargo, las condiciones de la capitulación no fueron cumplidas por el Adelantado ya que se negó a poner en libertad a Juan de Haro, lo que le fue recriminado por su hijo algunos años mas tarde en la corte acusándolo públicamente de cobarde, alevoso, perjuro e infame y retándolo a un duelo que el Adelantado no quiso aceptar y que provocó la intervención real prohibiéndolo.

El 30 de mayo de 1476 el maestre santiaguista Rodrigo Manrique envió una carta a Pedro Vélez de Guevara, a cuyo cargo había quedado la fortaleza caravaqueña y a Juan Martínez, vicario de Caravaca, ordenándoles que dieran hábito de la orden a Juan Fajardo su nieto e hijo del Adelantado Pedro Fajardo, a pesar de que contaba tan solo un año de edad. Era el primer paso de la estratagema ideada para nombrarlo comendador de Caravaca, lo que sucedió tan solo una semana después, el 6 de junio. Sin embargo a lo largo de ese verano la situación experimentaría un giro inesperado cuando los partidarios del Marqués de Villena, con Gonzalo de Hellín al frente, se adueñaron nuevamente de la fortaleza de Caravaca. La noticia causó gran malestar en la corte por lo que la propia reina Isabel remitió una carta al «conçejo alcaldes alguazil regidores caualleros escuderos ofiçiales e omes buenos dela Villa de Carauaca e su tierra”, fechada en Segovia el 16 de agosto de 1476, ordenándoles «que la fortaleza desa dicha villa sea rendida a nuestro seruiçio e ala corona real de estos nuestros Regnos e que sea sacada de poder de Gonçalo de Hellín alcayde de la dicha fortaleza que la tiene reuelada e ocupada contra el seruizio del dicho rey mi señor e mio e que sea puesto çerco e sitio sobre la dicha fortaleza». El portador de la carta era Mosén Gaspar López Muñoz a quien la reina enviaba con el oficio de capitán y para quien pedía que «le dexedes e consyntades poner sytio e çerco sobre la fortaleza della e para ello e para todas las cosas de mi servicio todos vos juntedes e conformedes conel con vuestras personas e gentes e armas e le dedes e fagades dar para ello los petrechos e bastimentos e todas las otras cosas que ouiere nesçesarias e todo el fauor e ayuda que menester ouiere e vos pidiere para quel dicho çerco este bien aprestado e petrechado de manera que a cabsa de se fazer asi se me de e entregue la dicha fortaleza lo mas prestamente que se podiere e fagades e cumplades en todo e por todo todas las cosas e cada vna de ellas quel dicho Gaspar Lopez de mi parte vos dixere e mandare como si yo en persona vos las dixese e mandase para que el dicho çerco e sitio este a buen recabdo». Asimismo le concedía amplias facultades tanto de carácter económico, ordenando que se le entregasen todas las rentas e imposiciones reales para sufragar los gastos materiales y personales del cerco, como de carácter jurídico confiriéndole la autoridad necesaria para desterrar de la villa a quien considerase oportuno «es mi merced e mando que sy el dicho Mosen Gaspar Lopez mi capitan uiere que cumple a mi seruizio e apro e bien del dicho çerco desa dicha villa echar fuera de dicha villa algunas personas sospechosas a mi serviçio los destierren della por el tiempo e leguas quel entendiere que cumple; alas quales dichas personas y acada vna dellas mando que luego salgan desa dicha villa e que cumplan el dicho destierro».

Se desconoce en que momento y de que forma tuvo lugar la toma definitiva de la fortaleza de Caravaca aunque debió de producirse poco después, puesto que el 11 de septiembre el Marqués de Villena y los Reyes Católicos firmaron un tratado poniendo fin a los conflictos entre ambos. Al año siguiente y tras la muerte del niño comendador, el 14 de abril de 1477, los Reyes Isabel y Fernando hicieron donación al Adelantado Pedro Fajardo de la encomienda de Caravaca, en agradecimiento a los servicios prestados cuando las fortalezas de la referida encomienda se rebelaron contra ellos durante la guerra civil.

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