Apuntes contra el pesimismo y el derrotismo

SERGIO AVILÉS/Republicanos al Congreso

Vamos a ver, los recortes son necesarios y urgentes, no os enteráis de que no hay dinero; no podemos gastar más de lo que ingresamos; además, los privilegiados (¡los funcionarios!) de esta sociedad son los primeros que tienen que dar ejemplo… O de otro estilo: las políticas de contención del gasto (si es que suena hasta bien) se aplican en todo el mundo y es porque no hay otra opción, por más movilizaciones que se hagan no se va a conseguir nada porque ellos tienen la sartén por el mango; los recortes se hacen en todo el mundo y por algo será; saben que nos vamos a movilizar (pues claro) y ya están preparados; si es que no os enteráis de nada, ¿no veis cómo la prima de riesgo no para de subir?, ¿no veis que todos tenemos que esforzarnos en estos momentos difíciles?. Egoístas, resentidos… Con lo fácil que es doblar el lomo, dejarse llevar por la corriente, mirar a otro lado, cerrar los ojos a lo que pueda venir, no pensar, no actuar, fingir que no pasa nada. Son tantos los mensajes, tan repetidos y tan sugestivos que parece que digan verdades. Muchos contradictorios, muy confusos, débiles la mayor de las veces, subliminales, sesgados, mezclados con evidencias de la vida práctica. Aparecen en noticias, anuncios, van creciendo en algún rincón de nuestra cabeza hasta que parece que los hayamos pensado por nosotros mismos… pero siempre en la misma línea: todos nos llevan a no hacer nada y a dejarnos abrumados por lo gigantesca de la tarea de resistir con las pocas fuerzas que tenemos cada uno de nosotros.  Y frente a esta marea de teorías y consignas nadie está libre de caer. Ni siquiera los que estamos dejándonos la piel por cambiar las cosas. Por eso, ante tanta mentira interesada se requiere tener altura de miras, empezar a llamar a las cosas por su nombre, dejarse de prejuicios que impiden avanzar y comprometerse con hacer grandes unas ideas que algunos se esfuerzan por hacer pequeñas.

Uno de los primeros y mayores retos que afrontamos en todo este proceso de contrarrestar los recortes y las ideas que los justifican es el de consolidar una idea de cambio que agrupe a mucha gente y sea capaz de movilizar. No podemos eludir los problemas que esto entraña. Si vamos definiendo nuestras ideas dejamos a compañeros fuera, pero si no las definimos el movimiento se vuelve ineficaz y difuso, sin análisis, sin alternativas y sin capacidad de cambio. La solución no es muy complicada en mi opinión: primero se trata de asumir que tenemos que consolidar unas ideas propias, sin preocuparnos por lo que se pueda decir de nosotros, asumiendo que una de nuestras responsabilidades es ir construyendo una línea de pensamiento y acción común.(Esto es como componer música: lo que hagas siempre se parecerá a algo, siempre te dirán que lo tuyo es punk, pop, rock, heavy, trans-metal, emo… pero los que hacen música que vale la pena son los que no se preocupan ni por parecerse, ni por no parcerse a nada). Debemos también hacer un esfuerzo por expresar cada uno lo que pensamos y estar dispuestos a comparar, debatir y cambiar. Así, una de las cosas más importantes es la de discutir lo que se expresa y no lo que pensamos que la gente pueda opinar (son muy dañinas las ideas del tipo: no si es que yo opino esto, pero como creo que mucha gente no, pues es mejor no ponerlo). Es bueno que quien tenga una opinión determinada que la defienda. Pues bien, a lo que voy: ¿Cuál es mi idea acerca de la lucha por una educación de calidad en nuestra región a día de hoy?, ¿cómo narices podemos hacer que el programa educativo que exponemos en nuestro manifiesto no sea una simple utopía?, ¿cómo contrarrestar todo ese pesimismo que emana de las ideas de las que hablábamos al principio? Pues proponiendo otro modelo de sociedad diferente al que hay.

Evidentemente dentro de las actuales reglas del juego políticas y económicas no hay más horizonte que el de los recortes. Y eso lo estamos viendo día a día. Podemos movilizarnos contra este o aquel tijeretazo, podemos ganar una batalla (como precisamente lo hicimos el último año en Murcia), podemos hacer que se cubran una o todas las bajas o que ingresen el dinero que falta a cada centro, pero el camino prefijado está claro, y después de cada victoria vendrá un nuevo ajuste. Esperarán que nos desmovilicemos y volverán a la carga. Tienen todas las herramientas políticas para conseguirlo. Y el mundo que quieren conseguir es aquel en el que la educación sea privada, la sanidad sea privada y el nivel de vida de la mayoría de la población baje lo máximo posible (¿alguien duda de sus intenciones hoy?) Sólo así se podría seguir manteniendo la tasa de beneficio de la banca y las grandes empresas. Y como el único criterio es la búsqueda de beneficio de unas pocas fortunas, lo que toca ahora es la decadencia para la mayoría de la sociedad.

Hasta el comienzo de la crisis, de una u otra forma, este modelo de sociedad permitía obtener grandes beneficios a esas grandes empresas y, a la vez, nos ofrecía las migajas con las que se nos prometía que cada vez podíamos vivir mejor. No sólo nos aseguraba tener cubiertos algunos de los derechos básicos como educación, sanidad o jubilaciones (otros como la luz o el agua, sin embargo, no ¡¿?!), sino que parecía que nuestra calidad de vida iba aumentando con la salida al mercado de cada nuevo avance técnico. El modelo, sin embargo, ha tocado fondo y ahora hay que sacrificar una de las dos cosas: o bien los grandes beneficios o bien la vida digna de la mayoría de la sociedad. Quienes han tenido y tienen la sartén por el mango hasta ahora es evidente que son las grandes fortunas. En España en concreto ya se encargaron de asegurarse de que las leyes se cambian cuando ellos quieren y sólo como a ellos les interesan, de que la opinión de los disconformes no tenga ningún valor político, de que los que puedan ganar elecciones sean sus títeres (PP y PSOE hoy), de controlar los medios de comunicación y con ellos la opinión pública o de imponer una pantomima de constitución en la que son obligatorios y duramente penables solamente algunos artículos (los que se refieren a la propiedad privada o los que tocan a la corona) y, sin embargo, otros (los que tocan al Estado social) quedan como mero ornamento. Vamos, que en este escenario está claro que el sacrificio lo tendremos que hacer esa gran mayoría que no somos ejecutivos o grandes propietarios. El problema está en que vivimos en la sociedad con más potencial técnico que ha existido nunca. La crisis no se debe a que no se pueda producir, sino a todo lo contrario, a que se produce mucho y lo que se ha producido no se puede vender. Vivimos en una sociedad rica, pero donde las reglas del juego impiden dar un salto adelante.  Lo que quiero decir es que defender una educación pública de calidad hoy sólo es posible si cuestionamos la forma de obtener beneficios de las grandes empresas, y que esto sólo es posible en la práctica si defendemos también un marco político y económico completamente diferente. Un cambio a un escenario que no conduzca al empobrecimiento a la mayoría. A nivel mundial las reglas del juego actual se llaman capitalismo, y su expresión política en España se llama Monarquía Constitucional. Todo un entramado que permite que siempre ganen los mismos y que se disfraza ,esconde o intimida para que a nadie se le ocurra atacarlo, porque mientras nadie lo señale como culpable todo quedará bien atado.

Pues bien, a nivel económico, y sintetizo mucho, esta nueva sociedad que defendemos tiene que apostar por el sacrificio de esos grandes beneficios empresariales, el control de la banca y, en definitiva, el aumento del nivel de vida de la mayoría para que se pueda consumir. Y a nivel político, la condición para esto es la verdadera transformación de la actual “dictadura de los mercados” en un modelo donde la discusión política, la participación consciente y, en definitiva, la democracia, sea real. Eso es luchar por la República. Ese es el marco donde los beneficios de las empresas se subordinan a la misma formación y educación de la sociedad, el marco donde puede desarrollarse nuestro programa. Cada lucha contra los recortes es necesaria, unas las ganaremos y otras las perderemos, pero cada una tiene que ser un grano de arena para construir el modelo social y político que defendemos.

Y ahora surge una nueva pregunta: ¿Se dan las condiciones para que se pueda dar ese escenario? Pregunta que se puede dividir en otras dos: ¿Hay posibilidad material de ese nuevo modelo? Y aunque haya posibilidad material ¿hay algún colectivo en esta sociedad que vaya a defenderlo y luchar por él, alguien con capacidad de enfrentarse a esas grandes fortunas? Dejo la cuestión abierta. Simplemente señalar que, desde mi punto de vista, las condiciones se dan, que no va a ser fácil pero que la alternativa de recortes tampoco lo es. La diferencia está en luchar con dignidad o sufrir pasivamente. Las dificultades están garantizadas.

Esa sociedad más justa que defendemos ha dejado de ser una quimera para ser una de las posibilidades más reales. Hay una ley de la lógica formal que dice ex contradictione sequitur quodlibet (de una contradicción se sigue cualquier cosa). Pues la contradicción está servida: este mundo ya no se aguanta a sí mismo.

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