Dalípoli

 

Rubén Castillo Gallego

Al cartagenero Miguel Ángel Casaú lo conocí de la mano del crítico Antonio Parra Sanz, quien me recomendó vivamente su lectura. Y, como siempre hago, me fié de su buen juicio. Me sumergí (al principio con interés, y luego con admiración) en De dioses, hombres y demonios y, más tarde, en esa pequeña joya inquietante (y de portada más inquietante aún) que es Felicity. No me hizo falta más. Estaba claro que Casaú era un novelista con talento, capaz de construir historias sólidas y de argumento anómalo, capaces de mantener a sus lectores con el ánimo suspenso hasta la página final.

Hoy me apetece hablarles de su última novela, que lleva por título Dalípoli y que ha sido publicada por el sello Corona Borealis. En ella encontramos a tres protagonistas iniciales de muy diversa factura: Desmont, Cris y El Ricky. Sus tres caminos van a convergir en Dalípoli, de un modo que no les explicaré, porque eso sería hacerle un flaco favor al novelista. Lo que sí haré será ponerles en situación… Desmont, periodista del diario La Identidad, se ha citado con su antiguo amigo Charlie, un tipo prometedor e inteligente durante la adolescencia pero que luego se extravió en el tenebroso mundo de las drogas. Éste le explica que, después de veinte años sin verse, se siente en deuda con él: siempre ha sentido envidia por Desmont y entiende que le debe algo. Así que salen del cuchitril donde vive y lleva a Desmont a un bar muy extraño. Una cortina sobre la que aparecen números llama su atención; y Charlie encarga un número para él. Desmont debe pasar al otro lado. Allí descubrirá algo importante, que Charlie no le quiere decir.

Cris está preparando su tesis doctoral en veterinaria (Miguel Ángel Casaú es veterinario). Su vida no resulta en modo alguno plena: hija de una familia rica, se obstina en labrarse su propio camino. Compagina sus estudios con el trabajo que desarrolla en un bar. Sus relaciones con los hombres no han sido muy satisfactorias. Ni siquiera con su actual pareja, con quien sabe que debería romper. Y es probable que lo haga. Estando en un bar sufre un desmayo, fruto de la tensión y el cansancio de los últimos días. Cuando despierta ve una puerta con una cortina. En la parte superior hay un número. Y cruza el umbral.

El Ricky es chivato de la policía y ahora están a punto de matarlo, porque Martin (que se ha quedado sin un gran alijo de droga por su culpa) ha enviado a tres matones para que lo cojan y lo eliminen de la circulación. Pero cuando están a punto de ultimarlo una voz los detiene y Ricky consigue entrar en una ermita de los alrededores. En su interior, una puerta y una invitación a cruzarla.

A partir de ahí, son ustedes quienes tendrán que averiguar qué ocurre con estos tres personajes en la ciudad de Dalípoli, un espacio tan lujoso que produce inquietud. Todo allí está permitido: se puede entrar en cualquier tienda y coger lo que desees, sin necesidad de pagar; hay una constante renovación de la moda, que también es accesible gratuitamente; nadie puede negarse a hacer el amor con otra persona cuando ésta se lo pide, y está admitido hacerlo en cualquier lugar; todas las drogas son legales e igualmente gratuitas… Solamente hay dos restricciones, dos elementos que están rigurosamente prohibidos en el mundo de Dalípoli: el amor y el pensamiento libre. ¿Hablamos entonces de un paraíso o de un infierno? ¿Hacia qué lado se inclina la balanza?

Pensar es una agresión contra el poder. Siempre lo ha sido. Y últimamente se están empeñando en que restrinjamos esa práctica a sus mínimas expresiones, atontándonos con la tele, el pensamiento único, la corrección política y otras garatusas. En estas páginas Miguel Ángel Casaú nos invita a que jamás renunciemos al dedo alzado. Preguntar, dudar y disentir son los últimos bastiones que nos quedan. Sin ellos nos convertiremos en unos zombis imbéciles que comprarán lo que quieran venderles y que renunciarán voluntariamente a todo rastro de inteligencia. Para protegerse de ese riesgo, pueden comenzar leyéndose esta novela. Les aseguro que saldrán satisfechos y fortalecidos de sus páginas.

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