Alumnos del IES Chirinos «Recuperan pueblos abandonados»

Participantes

IES PÉREZ CHIRINOS

A principios de Noviembre, 25 alumnos del IES Ginés Pérez Chirinos y 2 profesores tuvimos la oportunidad de vivir y disfrutar de una aventura inolvidable. Fuimos a Granadilla, un pueblo de Cáceres que fue abandonado en 1951 debido a que las tierras que le rodeaban quedarían sumergidas bajo el embalse de Gabriel y Galán, y por tanto, sus habitantes serían expropiados y no tendrían tierras que cultivar.

El pueblo, que queda rodeado por el embalse, está desde esa fecha abandonado, pero algunas de sus construcciones, han sido remodeladas y aprovechadas por el ministerio para estas actividades escolares. Imaginaos: un pueblo amurallado, con la mitad de las casa derruidas, que cierra la verja de salida a cierta hora, para que no entren turistas, sin calefacción, sin tele, sin internet, sin tiendas, incluso sin luz a partir de las 12 de la noche…..Una situación perfecta para la convivencia con los compañeros (de nuestro Instituto y de otros dos centros), y para aprender las tareas que se realizaban en el pueblo antes de su abandono. Así todos, retrocedimos 60 años para conocer “la vida en Granadilla”. Todos los días, tras levantarnos con la radio Granadilla, y tras desayunar todos juntos, de 9 a 12 realizaban los oficios. Los alumnos se repartían entre diferentes oficios típicos como: jardinería, agricultura, ganadería, panadería, servicios a la comunidad, …. Y así, con la participación de todos, la vida en Granadilla se hacía sostenible. Tras un buen bocata de almuerzo, a las 12.30 comenzaban los talleres. Los talleres eran actividades más seleccionadas y más divertidas como cuero (pudimos hacer monederos o pulseras) , apicultura (fuimos a ver los panales de abejas con toda la indumentaria necesaria), carpintería (trabajos con la madera), cestería (realización manual de cestas, flores y otros adornos) o, recursos naturales (elaboración de esencias y perfumes), alfarería (trabajo de la cerámica), cuentos (momento de relax dejando libre la imaginación), radio (donde los alumnos preparaban la sesión de radio con la que nos levantaban en directo al día siguiente), taller de interpretación, taller de los sentidos, y algún otro taller que ya habré olvidado. Apurando el tiempo se tenía libre de 14 a 14.30 para descansar o tomar una ducha. Y tras la comida, se volvía a tener tiempo libre hasta las 4. Parece mucho tiempo pero he de decir, que los alumnos al final nos pedían tiempo hasta para ir a ducharse porque este estaba aprovechado al máximo. A las 4 era el proyecto de centro. En estas horas los alumnos de cada centro trabajaban con sus profesores. Cada centro había propuesto un proyecto diferente sobre el que trabajar. En nuestro caso, consistió en la toma de información, muestras y datos para la posterior elaboración de un artículo en la revista Mosaico. Para ello, el martes realizamos una ruta para conocer la flora y la fauna de la región y disfrutar del paisaje y tranquilidad del pantano. Los demás días, consultamos libros y buscamos información adicional, a la vez que anotamos todo lo realizado diariamente.
Tras el proyecto de centro, venían otras actividades a cual más divertida. El lunes consistió en una ruta fotográfica: es decir una especie de gymkhana para conocer el pueblo basada en fotos y adivinanzas. Martes y Miércoles fueron actividades deportivas, pasadas por agua. El viernes, se preparó la fiesta y la actuación de la última noche. El jueves fue el “cluedo”: nos reunieron y el alcalde del pueblo (un monitor disfrazado) nos comentó que había aparecido muerta la tía Asunción, y que debíamos, en grupos, descifrar por qué había muerto, tras entrevistar al doctor, a la panadera, al marido, al juez, al alcalde, al cura…..(alumnos que estaban actuando según habían ensayado en un taller, totalmente metidos en su papel). No se me olvidará la cara de miedo del cura (una de nuestras alumnas) sólo en la iglesia (ya de noche) esperando a que alguien apareciera a interrogarle…Con esta actividad, lograbas entender la sensación que se vivió en el pueblo de Granadilla, ya que la tía Asunción murió de pena al enterarse que por decreto, le iban a expropiar sus tierras, de la que vivía ella y sus cuatro hijas. Esta inmersión en la situación del pueblo (que además era competición entre los grupos por obtener la información), me pareció de las más divertidas. Por las noches, por si quedaba algo de fuerza, a las 10 y hasta las 12, participábamos en actividades de animación. Todas ellas chulísimas, que estaría contando…pero me voy a detener sólo en la noche del terror, que es la noche que personalmente más me reí de todas. Unos pocos alumnos habían preparado un pasadizo del terror, en el propio pueblo, que de noche entre casas abandonadas y ruinas en plena oscuridad, ya causaba miedo de por si. Los alumnos esperaban en el bar y salían de tres en tres. Los enganchábamos de los brazos entre ellos, y les decíamos “ Pase lo que pase, no os solteis”……je je, con esa sola frase en la oscuridad ya algunos iban cagaicos… y a lo largo del recorrido iban recibiendo sustos. Entrar a la iglesia totalmente a oscuras y sentir una mano en el hombro, junto con algo que nos tiraron desde una ventana (es que vas mirando a las puertas de las casas y las esquinas pero no se te ocurre que estén arriba), fueron los que hicieron que la mitad del grupo estuviera afónica al día siguiente de tanto grito.
El último día por la noche, la cena fue barbacoa en el salón del castillo, para la cual, había que ir vestido de gala, porque realmente estábamos celebrando la boda que luego escenificaron los alumnos, con brujas, bufones, bailarinas, curas, soldados y todo tipo de personajes de época.
Personalmente, creo que he tenido mucha suerte en poder disfrutar de esta actividad. Me hubiera encantado como alumna, pero además, como profesora he podido participar igualmente en todas y sentirme orgullosa de los alumnos que llevaba a mi cargo,porque todos fueron muy participativos y supieron sumergirse y disfrutar intensamente de todos los momentos. Me atrevo a decir que los “nuestros” son los que más participaron y los que animaban el “cotarro”. Esta ha sido una experiencia de esas de las que estás hablando durante tiempo y que nunca olvidas.

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