Juanito, Fantasía

Juan Navarro Sánchez

José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz
El Ayuntamiento de Caravaca, atendiendo a una iniciativa popular, instruye estos días expediente para nombrar, a título póstumo, hijo adoptivo de la ciudad a Juan Navarro Sánchez, popular y cariñosamente conocido como Juanito Fantasía, cuyo apelativo le vino del nombre de su acreditado establecimiento de mercería y complementos de piel y viaje, ubicado en la Gran Vía.


Juan era de Puebla de D. Fadrique (Granada), donde nació el 16 de julio de 1935, siendo el primer fruto del matrimonio formado por Juan Navarro y Soledad Sánchez, quienes también trajeron al mundo a Paco, Solita y Pedro (además de Reyes y Carmen, quienes murieron muy pronto).
En 1953, la familia decidió instalarse en Caravaca donde ya vivía una hermana de la madre, atraída por un posible mejor futuro al que ofrecía la localidad de procedencia en aquellos años. Aquí fijaron su residencia, en la C. de Coloma y aquí comenzó a trabajar Juan al día siguiente de llegar de La Puebla, como empleado del almacén de Juan Sánchez Corbalán (Juan el Bata), en la C. del pintor Rafael Tejeo.
Acababa de concluir el servicio militar en el regimiento de Regulares de Melilla, donde hizo muy buenas amistades que conservó durante toda su vida, teniendo que hacerse cargo de la familia, de la que el padre, muy enfermo, ya no podía hacerlo. De la mili no sólo trajo buenos amigos sino un miedo atroz al mar, debido a las malas travesías entre la Península y la Ciudad Autónoma, por el estado del mismo siempre que hubo de viajar entre uno y otro punto.
Ya en el almacén o bazar referido, compartió trabajo con compañeros a los que me referí en El Noroeste de 12 de junio de 2010 dedicado a JUAN EL BATA, hasta el mes de abril de 1961 en que, en sociedad comercial con Juan González, se establecieron en la Gran Vía nº 11, en local alquilado al dentista José Jiménez Jaén, entre la tienda de electrodomésticos de Juan García Talavera y el Banco Español de Crédito.
El 24 de junio de 1969 contrajo matrimonio con la ceheginera Maravillas de Gea Chico, en ceremonia que tuvo lugar a los pies de la Patrona de Cehegín, en el convento de S. Esteban del que era feligresa la novia, estableciendo el domicilio familiar, a partir de entonces, en la Gran Vía nº 8 de Caravaca, en piso alquilado al abogado Luís Jiménez Jaén, al que llegaron al mundo los cuatro hijos: Juan Antonio, Ángel Luís, Soledad y Pedro José.
El comercio de la Gran Vía se abrió, como queda dicho, en 1961, tras ser agraciados ambos socios, y mucha gente de Caravaca, con el segundo premio de la Lotería Nacional, en vísperas de la Navidad de 1960, gracias a un número que distribuyó entre sus clientes y amigos el Bata. La sociedad, sin embargo, se disolvió en los primeros años 80 quedándose Juan Navarro en el lugar indicado y Juan González en la entonces prolongación de la Gran Vía. Fantasía fue acreditándose paulatinamente gracias a la profesionalidad de su dueño, al buen trato y a la fidelidad de la clientela, teniendo como empleados a lo largo de su existencia a Maruja La Chava, la ceheginera Sara, y Ana (de la C. Larga), entre otras y, ocasionalmente a su propia esposa y pasado el tiempo, a los hijos.
Su exquisita sensibilidad artística se puso de manifiesto habitualmente en el arreglo de su escaparate con temas alusivos a las diferentes épocas o ciclos festivos como la Navidad, la Semana Santa o las Fiestas de la Cruz, encontrándose a diario y a todas horas al frente del negocio, dedicación que no le impidió la colaboración en actividades locales como el fútbol y las Fiestas de la Cruz.
Aficionado empedernido, era seguidor del Barcelona C. de F. y del Caravaca, del que era socio con carnet nº 1 de la actual época del equipo, y de cuya directiva formó parte en varias ocasiones.
Desde el punto de vista festero participó con Antonio Medina en la puesta en escena de espectáculos musicales de aficionados como Maravillas Españolas y Fantasía de Colores para allegar fondos con los que financiar aspectos concretos de la Fiesta. Caballista de base fue miembro fundador de la peña El Fogoso, de la que también fue presidente en los años 80. Así mismo fue uno de los promotores de la generalización del uso popular del pañuelo caballista en la mañana del dos de mayo. Secretario de la Cofradía de la Cruz con los hermanos mayores José González Martínez y José Moreno Martos, representante de la UNDEF con varios hermanos mayores representando muy dignamente la Fiesta Caravaqueña en los distintos pueblos y ciudades integrados en aquella entidad. Jefe de Protocolo con el hermano mayor Andrés López Augüy y Tesorero del Bando Moro durante el mandato como presidente del mismo de Juan López Moya. Promotor, entre otros, del actual grupo de Armaos y Asiduo colaborador del grupo cristiano Caballeros de S. Juan, ofreció a su hijo menor Pedro José, como rey cristiano infantil durante los años 1992 y 1993.
Como delegado de la UNDEF hizo amigos como Jenaro Vera (de Elda), Antonio Barceló (de Sax), Salvador Doménech (de Alcoy aunque afincado en Crevillente), José Luís Mansanet (de Alcoy), Joaquín Puche (de Elda) e incluso con el alcoyano maestro Ferrero, músico compositor de la célebre marcha festera Paquito el Chocolatero. Lejos de lo que cabría pensar, jamás pidió nada a ninguna junta representativa de la Cofradía de la Cruz ni para viajes ni para atenciones a las representaciones de fuera presentes en Caravaca, corriendo todos los gastos siempre de su propio bolsillo.
Grandes amigos suyos fueron Juan Antonio Martínez Guirao (el Nene), a quien consideró como su hermano, Antonio López Moya el del Patio Andaluz, Pedro Espallardo, José Moreno Martos, Amadeo Caparrós, Paco Medina Liceo, Antonio Puerto, Antonio Tomás y Dimas Sánchez entre otros, con quienes paseaba por las calles de la ciudad cuando el trabajo en la tienda lo permitía. Otros amigos entrañables fueron José Aguirre (de La Puebla de D. Fadrique), Manuel Martos Serrano (de Torredonjimeno) y Antonio González (de Sevilla).
De pensamiento tradicional conservador y profundas creencias religiosas, fue lector habitual de ABC y tertuliano asiduo en la cafetería Dulcinea. Aficionado al tiro olímpico, lo practicaba en el polideportivo La Loma del que fue uno de los primeros socios propietarios.
En 1987 sufrió un infarto de miocardio que superó felizmente, lo que no le impidió seguir al frente del negocio hasta que el 7 de marzo de 2011 falleció con las botas puestas de manera repentina, víctima de un derrame cerebral, tras asistir el día anterior a un partido de fútbol del Caravaca y estar a punto de celebrar, junto a su familia, la Noche del Reventón del carnaval caravaqueño al que tan aficionado fue siempre.
Fantasía no le sobrevivió mucho tiempo, cerrando sus puertas pocos meses después ante la perplejidad de las gentes de la comarca. El recuerdo de Juan, asociado al de su comercio, permanece vivo entre la sociedad actual, en la seguridad de que se perpetuará en el futuro durante generaciones en las que pensó como garantes del porvenir que él deseó siempre para Caravaca, ciudad a la que miró a la cara y a la que no tuvo inconveniente en agradecer pública y privadamente cuanto había hecho por él, sin importarle lo que él había hecho por Caravaca.

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