Los caminos del agua: El Segura, acequias y arrozales, de Pedro Serna

Exposición de Pedro Serna

Pascual García
El río Segura en los diversos espacios naturales de su curso, embalses, acequias, los arrozales de Calasparra y el espectáculo de la lluvia sobre la huerta murciana constituyen algunos de los asuntos principales de esta espléndida exposición del pintor murciano, Pedro Serna, que se ha inaugurado en El Real Casino de Murcia y que se prolongará hasta el 20 de enero. Son acuarelas la mayor parte de estos cuarenta cuadros, salvo un óleo, cuya singularidad técnica apenas lo aparta de la finura y de la elegancia con que el pintor de Murcia aborda la mayoría de sus obras, instantáneas en algún caso de la naturaleza surgida de la emoción y de un espíritu austero poco común. José Belmonte, el autor del magnífico texto que da título a toda la exposición e ilumina algunos aspectos de la misma y que encontramos en el catálogo, escribe a propósito del creador: Pedro Serna, que es muy exigente consigo mismo, disciplinado, sensible e inquieto, obedece como nadie a sus instintos, a ese éxtasis que llega a las entrañas en tanto pinta.


Pintar el agua, cambiante y huidiza, su continuo movimiento y el misterio de la luz reflejada en las profundas acequias, en el cauce cotidiano del Segura y en los luminosos arrozales no está al alcance de cualquier pintor, tan solo a la de una sensibilidad atenta en grado sumo a las pequeñas y, sin embargo, transcendentales variaciones de la naturaleza, al tono lumínico de una mañana de primavera o de una tarde otoñal, al cielo navegando sobre un paisaje de gredas y cañaverales, mientras notamos el azote del viento y llega la lluvia imprevista y tormentosa.
De nuevo, el paisaje de Archena, Ceutí, Blanca, Calasparra o Murcia protagonizan estas hondas y, no obstante, sutiles acuarelas en las que la apariencia de lo real surge como por arte de magia del blanco del papel, como aflora la vida en una rica gama de verdes, ocres y marrones, matizados por la luz y por el clima y por el sentimiento, en ocasiones de inspiración casi oriental, del pintor que mima las imágenes como los hallazgos de un viaje de aventuras incesantes, interiores, sagradas.
El espectador avisado o el curioso que asista a este privilegio de contemplar la pintura de Serna en el silencio casi penumbroso de la sala de El Casino no dejará de apreciar la vibración soterrada en cada obra de ese pálpito natural que solo al pintor murciano confía la belleza del agua, su turbulencia o su quietud, el incendio de su esplendor y la zozobra de esa mansedumbre fúnebre de las grandes y graves acequias.
Todo parece fugaz y efímero, inmóvil y musical, pero todas las aguas que con tanto acierto y tanta verdad ha pintado Pedro Serna vienen de alguna parte y van a dar a la mar. Este apenas ruido,/ este rumor tan delicado y manso, escribe el poeta Eloy Sánchez Rosillo en el catálogo a propósito de la muestra.
No es fácil, ni siquiera necesario, nombrar el secreto de lo que tanto placer nos produce y resulta, en cambio, ingenuo explicar su enigma, pues todo es tan sencillo como permitir que alguno de estos caminos nos pase cerca, nos deleite y nos enseñe a mirar el mundo con los ojos clarividentes, lúcidos y poderosos de Pedro Serna.
El agua de este sur calcinado, el agua escasa y su deseo, el agua histórica de los agricultores árabes, el agua metafísica y el agua necesaria de los hombres que viven a su merced ha sido siempre motivo creador del artista que dignifica y enriquece la naturaleza con la luz soberana de su pincel. Pedro Serna nos descubre, de nuevo, aquello mismo que ya forma parte de nosotros, de nuestra infancia y de nuestra memoria: el río calmo bajo el puente, el agua presurosa de la acequia, los feraces arrozales embalsados, la lluvia sobre las tierras yermas y sobre la huerta agradecida.
Sin grandes e inútiles gestos, pero convertido ya en un clásico de nuestros días, con la altura y la profundidad que le son tan propias y que nosotros, su público atento guardamos en la retina y en el corazón en la forma de una dádiva imprescindible, Pedro Serna ha vuelto para ayudarnos a sobrellevar los días iguales y repetidos, pues éste debe ser el propósito de un creador sorprendente y único. Y Nosotros no podemos por menos que agradecérselo.

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