28 de enero de 1744: Mal estado de los caminos

Mapa de los principales caminos de Caravaca a principios del siglo XIX

Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz
El perfecto mantenimiento de la red viaria en torno a las poblaciones era una de las cuestiones que mas preocupaban a los concejos, ya que era un elemento fundamental para su desarrollo y dinamismo. Disponiendo de buenas vías de comunicación se aseguraba la rapidez en el tránsito de los viajeros al tiempo que se facilitaba el transporte de mercancías garantizando así el comercio entre las distintas poblaciones. El caso de Caravaca no es una excepción, pues desde muy antiguo nuestra ciudad fue el centro comercial de una amplia comarca que no solo abarcaba los pueblos vecinos, sino que extendía su ámbito mercantil a otros lugares mas distantes «todos los pueblos que comprende la Sierra de Segura por el saliente que regularmente se surten en lo comestible y ropas de este». Además para los propios habitantes, los caminos y veredas tenían una utilidad fundamental, ya que por ellos accedían a sus propiedades agrícolas o a sus lugares de trabajo, ya que una gran parte de la población la constituían jornaleros y trabajadores agropecuarios.


Los caminos hasta época relativamente reciente adaptaban su trazado a las condiciones físicas del terreno, cambiando de aspecto según la meteorología, ya que la lluvia los convertía en auténticos barrizales prácticamente intransitables, por lo que necesitaban una continuada tarea de reparación y conservación. Eran generalmente bastante estrechos, aunque los calificados como caminos carreteros y reales tenían la suficiente anchura para que pudiesen circular carros y carruajes.
Cansado de las continuas quejas por el mal estado de los caminos, a finales de 1743 el concejo de Caravaca comisionó al regidor don Juan Antonio Salazar para que inspeccionase los «caminos, veredas, sitios publicos asi de esta huerta, como de su campo» y elaborara un informe reseñando el estado de cada uno de ellos para que se pudiesen tomar las medidas y efectuar los reparos que se estimasen oportunos.
Una vez realizada la «inspección ocular» de todos ellos, el referido regidor elaboró un detallado informe advirtiendo del deplorable estado que presentaban y lo que era aún peor, que algunos tramos de los caminos y veredas habían sido invadidos y ocupados por los propietarios de las tierras colindantes, resultando con ello perjudicada la villa y sus derechos, por lo que aconsejaba una rápida intervención en busca de “pronto remedio”.  El informe fue presentado en la sesión municipal celebrada el 28 de enero de 1744 y resulta muy interesante tanto por su contenido como por la forma en que describe los caminos y su estado.
En aquella época el principal camino era el que unía Caravaca con Madrid por Calasparra y por él comenzó su exposición don Juan Antonio Salazar denominándolo «el Camino que sale desta villa para la corte que ba por la puentezilla y varranco de San Jeronimo». Este camino se encontraba en bastante mal estado siendo bastante dificultoso el tránsito de carros y carruajes a causa de las «muchas quiebras y pasos intratables». El siguiente en importancia, «el Camino que ba desta villa a la de Cehexin», se encontraba en parecido estado, aunque presentaba también otros deterioros debidos a los «muchos derrames de agua de las hilas que lo trabiesan, por no estar conformes y como deuen las caxas por donde pasan»; además en algunos casos los propietarios de las parcelas inmediatas habían reducido el ancho del camino ocupando parte de él, llegando incluso a colocar vallas y muros.
El camino de Moratalla, «camino que sale desta villa desde el Convento de nuestro Padre san Francisco, para la de Moratalla, y questa pedregosa», también estaba en pésimas condiciones, desaparecido en partes y peligroso para quien tuviera que transitar por él. Asimismo, «la vereda comun que empieza, desde el Convento de san Francisco y ba a parar a Cañada lengua» se había reducido tanto que no tenía las medidas exigidas, y estaba en muchas partes ocupado por diferentes árboles y cultivos, entre ellos viñas, hasta el punto que «a mudado la correspondencia por donde hauia de yr». Lo mismo le sucedía a «la vereda que ba por la heredad de Cañada lengua» que «se halla por partes ocupada con diferentes plantios de viña y otros arboles».
El camino que iba a Huescar por la Cueva de los Negros, que en otra época había tenido anchura suficiente para que pudiera pasar un carro se había estrechado bastante, llegando a estar «quasi intratable» como consecuencia de que «los heredados de vna parte y otra han ido estrechando, y ocupando con sus vardas, de forma que no puede sin riesgo pasar a caballo los heredados de vna parte y otra han ido estrechando, y ocupando con sus vardas, de forma que no puede sin riesgo pasar a caballo».
El «Camino que sale por la Teneria, y ba por el Cejo, el que era capaz de poder pasar carruaje, hasta el rio», estaba también disminuido por la usurpación por los sus márgenes por los dueños de las heredades «de forma que apenas puede pasar vn hombre». El «Camino de que desde los callexones ba a las balças del diezmo», estaba también aminorado por haberse ocupado la calzada y también por el «derramo de las aguas de la ylas que trabiesan”. El “Camino, que ba por la Cassa del rio con las mismas circunstancias y en vn lado del camino se hallan diferentes oyos». La vereda «que ba por el Bañuelo» estaba intransitable y lo mismo «la de Cañada lentisco, y poco mas o menos las demas».
Los últimos en ser reseñados fueron los dos que comunicaban la villa de Caravaca con las Fuentes del Marqués, el de «arriba que sale por las puertas de Mairena” y el actual Camino del Huerto, que el informante llama «Camino del medio que ba por San Jeronimo a las fuentes desta villa». El primero de ellos estaba totalmente destrozado por las múltiples salidas del agua del cauce de la hila de Mayrena, debido a que se habían cambiado de lugar los partidores. En cuanto al segundo se hallaba igualmente «quasi intratable», quedando totalmente inutilizado cuando llovía «por poco que sea», teniendo en estos casos que pasar por los bancales lindantes.
Finalmente informó de las anomalías que había observado en «vn labador publico que hauia en el sitio de llaman la Perrera», donde se habían levantado algunas paredes.
Los miembros del Concejo se quedaron totalmente anonadados ante el panorama manifestado por el informante, achacando que la situación hubiese llegado a tal estado a «las notorias enfermedades que padezia este comun enteramente» el año anterior impidiendo que los regidores comisionados para estas funciones pudiesen desarrollar labor alguna.
Antes de pasar a ordenar la realización de los pertinentes reparos en cada uno de los maltratados caminos decidieron en primer lugar restituir el primitivo trazado de todos ellos, solicitando a «cada vno delos que se hallan yntroducido, restituyan lo que hubieren usurpado», levantando los oportunos testimonios con ayuda «delos agrimensores o otras personas expertas e yntelixentes», justificando todo legalmente para poder aplicar las «Reales ordenanzas por las que se gobierna esta villa y su termino y a lo demas dispuesto por derecho».

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