20 de febrero de 1843: Acuerdo para la construcción de la Glorieta de Caravaca

La Glorieta hace medio siglo

Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El 20 de febrero de 1843 la comisión de obras públicas del Ayuntamiento de Caravaca presentó en la sesión plenaria celebrada ese día el proyecto para la construcción de una glorieta en «en el sitio llamado de la Corredera».

La Corredera, nombre que todavía se sigue utilizando actualmente para designar el lugar, era un amplio espacio situado en las afueras de la villa en la zona de donde partían los caminos de Lorca y Granada. Comenzó a ser ocupada por viviendas a comienzos del siglo XVI, convirtiéndose desde el primer momento en una de las principales zonas de la población; el hecho de que por ella discurriera la procesión del baño de la Vera Cruz  hizo que el Concejo la cuidara de forma especial, ordenando periódicamente su reparación y limpieza, procurando siempre que su estado fuese lo mejor posible. Con este fin, en 1599 se plantaron árboles para formar una alameda. Su aspecto comenzó a variar en 1781, año en que se sustituyeron los árboles cambiándolos por olmos y se instalaron bancos de piedra que «no se deteriorasen con los tiempos y las lluvias». En 1803 las dos hileras de olmos fueron rodeados por una verja de madera colocada sobre unos bancos de obra para asegurar su protección «de las bestias en tiempos de feria y otros» impidiendo al mismo tiempo que pudieran ser utilizados por los transeúntes para su descanso. Finalmente, en 1813 considerándolo «el principal y unico paseo de esta villa» se allanó su suelo cubriéndolo con una nueva capa de tierra. Se pretendió también en este momento hacer una serie de obras complementarias, pero la oposición de los vecinos determinó su suspensión al poco de comenzar, así como la imposición de una multa a los regidores responsables de las mismas.

Y así llegamos al año 1842, año en el que el procurador síndico, D. Agustín Marín de Espinosa, elaboró un informe sobre el estado urbanístico de la población, exigiendo mejoras inmediatas «Todos los pueblos pueden ser bien gobernados, pueden disfrutar de completa tranquilidad, de seguridad sus vecinos, pero tan preciosa ventaja se rebajaria si sus edificios estubiesen descuidados, sus fachadas mal construidas, sus calles en un completo abandono, y sin paseos que ofreciesen una idea clara y distinta del gusto de sus havitantes, del estado de su cibilizacion y cultura y de sus deseos por nibelarse con los pueblos mas ricos y felices dela Nacion. Esta és una verdad que ella misma se demuestra, y que tiene una aplicacion muy esacta esta Villa de Caravaca. Sucias y descompuestas sus calles, intransitables sus abenidas, sin alumbrado enmedio dela obscuridad dela noche, sin ninguna de aquellas cosas que hacen florecientes las Poblaciones, ofrece una perspectiva desconsoladora, y que debe escitar la atencion dela Municipalidad». Las palabras de Marín de Espinosa calaron hondamente en las autoridades municipales procediéndose a la mejora de determinadas zonas de la población.

El 1 de enero de 1843 ocupó la alcaldía el progresista D. Manuel de Amoraga y Torres que, siguiendo la línea iniciada por su antecesor D. José María Aznar y Reina, presentó ante el Pleno para su aprobación el proyecto realizado por el maestro de obras D. Ramón Jiménez de la Fuente para la construcción de una Glorieta en la Corredera.

El proyecto fue debatido y aceptado en la sesión plenaria celebrada el 20 de febrero de ese año, aprobándose igualmente el presupuesto de la obra que ascendía a la cantidad de 8.205 reales, costeándose del fondo de obras públicas, tanto del correspondiente al año anterior del que tan solo se habían gastado 300 reales, como del presente año que se hallaba intacto, remitiéndose toda la información a la Diputación Provincial para su aprobación. Esta lo ratificó de inmediato, comunicándolo al Ayuntamiento en una carta fechada el 24 de febrero, por lo que el 6 de marzo se abrió un plazo de 3 días para que el maestro de obras presentase las fianzas necesarias para la seguridad de la obras. El día 8 se daba noticia de que la fianza había sido presentada conjuntamente por el maestro de obras Jiménez de la Fuente y la corporación municipal, ordenándose asimismo al depositario del fondo de obras públicas el libramiento de la cantidad expresada en el presupuesto.

Las obras debieron de comenzar a mediados de marzo, de modo que el 8 de abril se reunió el ayuntamiento para tratar la necesidad de fondos para su mantenimiento una vez que estuviera concluida, entendiendo por tales el alumbrado, la necesidad de guarda, etc., adoptándose el acuerdo de efectuar un informe con el consiguiente presupuesto para poder decidir lo mas conveniente.

A finales de julio el alcalde D. Manuel de Amoraga tuvo que presentar la dimisión, estando aún inconclusas las obras; sin embargo esto no afectó a la continuidad de las mismas. El propio Amoraga lo cuenta en sus memorias políticas editadas en 1886: «se construyó una bonita glorieta, mas extensa que la de Murcia, y contigua al elegante Templete, que se nombra Bañadero de la Cruz. Se cercó de murallas, con postes, en que se colocó la verja. Quiero no omitir, porque da honor a quien lo hizo, que pasado un mes de la estrepitosa caída del partido progresista, recibí un oficio firmado por el presidente del ayuntamiento moderado, D. Felipe Martínez Iglesias, que decía <<Habiendo usted sido el interventor del paseo de la Glorieta, esta Corporación tiene gusto en que usted continúe su obra hasta la conclusión>>».

Tras su inauguración se observó el poco cuidado que el personal tenía con los jardines por lo que se hizo necesario contratar una persona para evitar mas destrozos, siendo el elegido el soldado retirado Juan Martínez Casas. La primera descripción que tenemos de la Glorieta es la que realizó Agustín Marín de Espinosa en su libro de 1856, en decir 12 años después de su construcción: «con cuatro puertas adornadas de pilastras, y cerrada toda ella por una verja de madera pintada de encarnado. Su longitud consta de doscientas veinte y tres varas, y de diez y seis su latitud. La calle principal, ó sea el salón, forma un perfecto arrecife con diez y ocho asientos a cada lado en forma de confidentes. En los estremos hay dos anchos canalones destinados para regar los árboles y demás arbustos que hay en ellos».

En 1862 se decidió su ampliación para que englobase el Templete, invirtiéndose en ello 2.500 reales, las obras se dieron por concluidas al año siguiente con la colocación de dos tramos nuevos de verja y el repintado de la existente. En 1883 se mejoró la iluminación, instalándose faroles en la parte interior de la verja dispuestos sobre columnas de madera. Dos años más tarde, en 1885, Quintín Bas la describe de la siguiente forma: «Ameno paseo de acacias y álamos, con asientos de jaspe pulimentado». En 1893, se realizaron importantes reformas, reparándose los muros que bordeaban el paseo con piedra albardillada; asimismo se escardaron los árboles y en mayo se colocaron 12 bancos de madera con los pies de hierro que costaron 30 pesetas cada uno. Al año siguiente se sustituyó la primitiva verja de madera por otra de forja que tenía 6 puertas para poder ser cerrada totalmente por la noche.

En 1901 el ayuntamiento adquirió 60 plátanos para plantarlos en diversos lugares de la población, entre ellos la Glorieta, y en 1917 se realizaron plantaciones de rosales y palmeras. También en este año se reparó el muro de la verja y se cubrió el paseo central con una nueva capa de arena.

En 1924 se acordó el arreglo de las aceras y de las explanadas existentes en los dos extremos, frente al Batán y el Templete, plantando árboles y trasladándose al centro de la primera de ellas la fuente que hasta entonces había estado en la Glorieta, frente a la iglesia de los frailes carmelitas. En este mismo lugar se ubicaría al término de la guerra civil el monumento a los caídos, colocándose también tres monolitos a la entrada de la Glorieta que a partir de entonces pasó a denominarse Paseo de los Mártires, decidiéndose igualmente la retirada de las puertas y verjas, que se repartieron entre las clarisas, que la instalaron en una de las capillas de su iglesia donde todavía se conserva, los carmelitas y diversas zonas de la población (Gran Vía, calle Carril, campo de fútbol, castillo, etc.).

En 1978 la Glorieta sufrió otra importante renovación, sustituyéndose el pavimento de tierra por uno de trozos de mármol. Finalmente en 2009-2010 se remodeló con bastante mal criterio haciendo desaparecer gran parte de su personalidad, sentido y estilo, debido fundamentalmente al horrible pavimento gris y al aminoramiento de los espacios que hasta entonces y durante mas de siglo y medio habían ocupado árboles, plantas y flores.

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