El miedo de la casa cerrada

José María Ortega González./Portavoz de la Presidencia Regional de IU-V

Confieso que el nuevo Gobierno de Bullas me sirve para algo. A Bullas le está sirviendo para poco, tal vez para darse cuenta de que hay una especie de políticos que ha renunciado a la verdad. Tal vez, para tener la prueba de que la política democrática puede fácilmente degenerar en populismo, en el que la comunicación y el intercambio sincero de ideas entre político y ciudadano desaparecen. En lugar de la dialéctica, queda la propaganda, o lo que los griegos llamarían el sofisma, el uso de la palabra en beneficio de los propios fines, es decir, el engaño permanente y manipulación de la información, que destruye el periodismo y la crítica.

A mí si me ha servido este Gobierno. He seguido con atención algunos de sus actos, sus decisiones, aquellas poco conocidas pero que afectan mucho al tipo de democracia que viven los ciudadanos de Bullas. Me ha servido para saber que, en nueve meses, se puede reducir el espacio de la libertad sin que, en apariencia, se vulneren las leyes que tenemos.

En tan sólo nueve meses, el Gobierno Municipal del Partido Popular ha tomado, entre otras, las siguientes decisiones.

  1. Ha establecido la periodicidad de los plenos en dos meses. Hay menos plenos ordinarios, es decir, aquellos en los que la oposición puede proponer iniciativas.
  2. Ha suprimido, de facto, el funcionamiento de los siguientes órganos de participación, tal vez porque creen que donde hay participación hay crítica: Consejo Asesor de Urbanismo y Medio Ambiente, Comisión de Festejos, Mesa de la Cultura. La Mesa Joven sí se reunió un día, para que el concejal hiciera una nota de prensa de auto bombo, y para nada más.
  3. Ha establecido la obligación, a la oposición, de pedir por escrito revisar aquellos expedientes que desee ver. Esto, no tendría nada de raro, si no fuera porque cuando en anterior Alcalde de Bullas estableció también esta condición, lo trataron, poco más o menos que de dictador. Esta escrito y grabado.
  4. Ha modificado el reglamento de Pleno. El PP hacía, durante sus años y oposición cuantos ruegos y preguntas deseaba, y lo hacía por sorpresa y espontáneamente. Pues bien, ahora, para recibir una respuesta, la oposición tiene que presentar sus ruegos o preguntas 48 horas antes. Así tiene tiempo de preparar respuestas, aunque sean falsas, siempre pensando en que queden bien delante de las cámaras.
  5. Ha modificado el orden de intervención en los plenos, el PP tiene siempre la última palabra. Existen también limitaciones al tiempo de intervenciones, e incluso a duración del pleno. Así el PP coarta que la oposición no pueda presentar muchos puntos, que alarguen su exposición al debate. Es decir, el PP evita que los demás hagan lo que ellos han hecho durante veinte años.
  6. Cuando la oposición requiere consultar un expediente, se ponen mil impedimentos, jugando con la ley. Todos estos impedimentos están destinados a que la revisión de los documentos se haga delante de un concejal del Gobierno, no de todos, sino de aquellos que aceptan realizar el papel de lacayo del PP, porque les paga. Así que se atreven a tutelar con gran desvergüenza el papel de la oposición, de una forma que avergonzaría a un censor franquista y no digamos a Mariano Rajoy.

Hay más, y más, síntomas de la degradación democrática que está provocando el PP de Bullas. Es necesario, sin embargo, detallar, como se hacen algunas de las trampas para que lo que relato en el punto 6º, es decir, la tutela del derecho de la oposición a la hora de consultar documentos, se haga realidad. Para ello cuento la experiencia real de Manuel Escámez.

El concejal de IU, pidió ver un expediente, el Gobierno respondió que tendría que ser en un día y hora por él establecida, por 45 minutos y con el lacayo delante. Manuel Escámez respondió que tal día no podría, por cuestiones laborales, pero que sí iría otro, confirmando fecha y hora. Personado en dicho lugar a dicha hora, no hay ninguna documentación preparada. Los funcionarios han sido previamente, «informados cariñosamente» de que no pueden dar la documentación a dicho concejal sin el lacayo delante.

El concejal pide un informe al Secretario en el que se confirma que no ha accedido a los documentos. El Gobierno del PP hace trampas y pide otro certificado, de otro día, en el que lacayo sí podía estar vigilando a la oposición, en el que se hace constar que el Concejal de la oposición no estaba. Lógicamente ¿qué demócrata va a admitir que un lacayo tutele su derecho a consultar documentación a la que tiene derecho?

¿Y todas estas trampas son legales? Se preguntará el lector. Eso lo tendría que decir un juez. Lo que está claro es que se trata de prácticas vomitivas. Tal vez lo que busca el Gobierno Local es que se judicialice esta cuestión, en una justicia que ya no es gratuita, para provocar que IU invierta sus escasos recursos en hacer frente a un gobierno que confunde el Ayuntamiento con una propiedad de su partido. De hecho en el Ayuntamiento de Bullas, muchos días, hay un dirigente local del PP, que, sin ser concejal,  atiende allí asuntos varios que debería atender en su sede pero trata  en la casa de todos.

Si el concejal de IU denuncia ante la justicia estas restricciones al ejercicio de sus derechos, cuestión que está estudiando, el PP utilizará los recursos municipales, es decir, del contribuyente, para defenderse.

Este Gobierno cierra órganos de participación, pero a cambio creó una concejala, llamada eufemísticamente de Presidencia, cuyo único fin es inundar los medios de comunicación con notas de prensa diarias, para no dejar espacio, ni a los mensajes de la oposición ni al ejercicio de una labor periodística crítica, que no existe en Bullas. Tal es así que Telebullas se parece cada día más a la Televisión de Corea del Norte, por lo cutre, y por lo monocolor.

Pienso que sólo personas que, en su fuero interno desprecian la libertad, o tienen miedo al ejercicio real de la misma (lo que al final es lo mismo), son capaces de diseñar turbios planes como éstos para cerrar espacios, para asfixiar la pluralidad y monopolizar el espacio político. Esta estrategia no la ha inventado Pedro Chico, ya quisiera él.

El tiempo nos dirá si prosperan estos métodos o, si, como ha sucedido tantas veces en la historia, las calles se llenan de desengaño y la gente se pone a trabajar para que haya un Gobierno de puertas abiertas y palabras reales, en lugar de uno de casa que huele a lentejas y tiene la puerta cerrada, para que nadie venga a comer. Esta casa tiene la fachada de oro, y buenos coches en la puerta, pero dentro, sus habitantes se pasan el día encerrados con ellos mismos, porque tienen miedo a la libertad y sospechan de la gente que ven pasar por la ventana.

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