Pauline Nyiramasuhuko: mujer contra mujer

La primera mujer condenada por genocidio

GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

En abril de 1994, en el corazón del continente africano, el odio contra un población y sus mujeres, concibió su peor gesto. Un gesto con nombre de mujer.
La población de Ruanda se dividía en dos grupos. Los tutsis, altos, elegantes y de complexión fina, quienes tenían todo tipo de privilegios por un decreto absurdo del gobierno colonial de Bélgica. Y los hutus, pequeños y oscuros, que estaban destinados a la servidumbre y casi a la exclavitud. Nacida en la pequeña comunidad agrícola de Ndora , en la provincia de Butare, fue a una escuela secundaria donde se haría amiga de la que mas tarde seria esposa de Presidente de Ruanda, Agathe Nyiramasuhuko. Estudió y trabajó como asistente social y en 1968 se casó con Maurice Ntahobali, con quien tuvo cuatro hijos. De allí, paso a trabajar para el Ministerio del Gobierno para Asuntos Sociales, educando a las mujeres acerca de la salud y el cuidado de los niños. Gracias a su amistad con la mujer del presidente fue nombrada Ministra de Bienestar de la Familia y Promoción de la Mujer en el gobierno de Habyarimana en 1992.


Era la única hutu en una posición de poder. Cuando el brazo armado de los hutus, el Interamhawe, llegó al poder, el 9 de abril, su primera y única instrucción fue aniquilar a los tutsis.

En el pueblo de Pauline, se reproducía lo que en todo el país, los ciudadanos tutsis resistían valientemente los embates de los sanguinarios soldados hutus. Y la enviaron a ella para aniquilar a los rebeldes. Pauline llegó a su lugar de nacimiento, Butare, en las últimas semanas de abril. La provincia celebró su regreso. Mientras se ovacionaba a la mujer, algunos tutsis sacrificaron las horas de festejo para vigilar las entradas a la ciudad en caso de que los hutus atentaran contra la señora Nyiramasuhuko. En una posición de gran credibilidad, Pauline aseveró ante la gente que la ayuda estaba cerca. En el estadio de futbol, dijo, la Cruz Roja había centrado sus bases y la gente podía obtener medicamentos, alimentos, refugio y posiblemente una salida del país. El pueblo estalló de alivio. El 25 de abril, los habitantes de Butare caminaron al estadio con una gran sonrisa, pero en vez de encontrar comida y refugio tropezaron con algo peor que la muerte. De la boca de Pauline, defensora anteriormente de los derechos  de la mujer, se escaparon órdenes de no matar a ninguna mujer sin primero violarla. Pero los soldados hutus, cansados de tanto machetazo, ya no tenían fuerzas para violar. Bajo las órdenes de Pauline, los soldados penetraban a las mujeres con bayonetas, rifles y machetes. Harta de la desidia de los soldados, Pauline propuso que quien violara a una mujer recibiría una recompensa.

Después de esta masacre, Pauline viajó a un campamento militar hutu donde 70 mujeres yacían amontonadas y olvidadas en una celda. Ordenó violarlas antes de bañarlas en gasolina y quemarlas. Para rematar, escogió a tres mujeres para que su hijo abusara de ellas, pero su destino no sería la muerte, ellas vivirían con la semilla del odio en su vientre y guardarían en su memoria el gran poderío de los hutus.

Salió de Ruanda en 1994, tras el genocidio y se fue a la República Democrática del Congo . Fue detenida en 1997 en Nairobi  junto con su hijo, Arsène Shalom Ntahobali, el ex primer ministro Jean Kambanda, y otras ocho personas.

Es la primera mujer en la historia en ser encontrada culpable de genocidio. Fue sentenciada a cadena perpetua.

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